miércoles, 12 de agosto de 2009

En Mexico, la cárcel es el segundo "hogar" para criminales


Cuando 53 reos escaparon de un penal en Zacatecas en mayo pasado, se dijo que un comando armado ligado a Los Zetas estuvo al mando de la operación, sin embargo, posteriormente se descubrió que los guardias del penal participaron en la liberación.

Un video de la fuga muestra que los vigilantes no sólo no opusieron resistencia para permitir el escape, sino que además, montaron un espectáculo para fingir que habían sido maniatados y engañados.

El diario The New York Times publica en su edición del martes 11 de agosto, que el sistema de cárceles mexicanas representa un eslabón débil en la cadena de lucha contra el narcotráfico.

Las prisiones mexicanas, describe el rotativo, son lugares en los que los capos de la droga encuentran nuevas bases de operación para llevar a la cima sus imperios criminales y reclutar operadores.

Una muestra de que el sistema tiene diversos defectos, es que el Gobierno mexicano extradita a Estados Unidos el mayor número posible de narcotraficantes, para evitar que les sea más difícil escapar.

Por lo tanto, según The New York Times, el Gobierno estadounidense destinará cuatro millones de dólares para apoyar la reparación de las cárceles mexicanas.

El caso de Zacatecas es sólo una muestra de los diversos errores que existen en el sistema penitenciario de México, pero sobre todo, de la fuerza que tienen los cárteles de la droga para controlar diferentes zonas del país.

The Washington Post publicó este martes que Michoacán es una de las entidades en donde el Gobierno federal cada vez pierde más capacidad para proteger a la gente de asesinatos, secuestros y extorsiones relacionadas con el tráfico de drogas.

El diario publica que si bien el presidente Felipe Calderón desplegó el mes pasado 5,500 soldados en la zona para frenar el avance del cártel de La Familia, la población no cree que poner un soldado en cada esquina sea la solución para llevar paz a su estado.

Más pruebas

Las cámaras de vigilancia captaron toda la escena: los guardias observaron con indiferencia mientras 53 presos -muchos de ellos asociados con uno de los carteles más notorios de México- salían de sus celdas y se marchaban en los vehículos que los esperaban.

El video muestra que los guardias sólo desenfundaron sus armas después de que los presos habían partido. Esta descarada fuga, que ocurrió en Zacatecas, sin que se disparara un solo tiro, es tan sólo uno de los flagrantes ejemplos que revelan cómo el atestado y cruel sistema carcelario mexicano representa un fundamental pero débil eslabón de la lucha contra el narcotráfico.

En las prisiones mexicanas, tal como describieron presos y carceleros, los narcotraficantes encuentran una nueva base de operaciones para sus imperios criminales, reclutan secuaces y consiguen, con sobornos, vía libre para escapar.

El sistema es tan corrupto que el gobierno extradita un número récord de narcotraficantes a Estados Unidos, donde les resulta más difícil intimidar a testigos, continuar sus operaciones o escaparse.

La última fuga fue el pasado fin de semana, cuando un sospechoso narcotraficante desapareció de una prisión de Sinaloa durante una fiesta para reclusos. Ahora, el gobierno considera la posibilidad de aislar a los narcodelincuentes de los presos comunes para reducir las posibilidades de que cometan abusos.

Como parte de su programa de lucha antidroga, la Casa Blanca comprometió este año 400 millones de dólares para ayudar a restablecer el sistema carcelario mexicano. Expertos de prisiones estatales norteamericanas empezaron a entrenar a guardias mexicanos.

Aunque las cárceles mexicanas se autodenominan Centros de Rehabilitación Social, "universidades del delito sería un nombre más adecuado para ellas", opinó Pedro Héctor Arellano, director del programa comunitario de cárceles de la iglesia episcopal en México.

Las cárceles del país están repletas: tienen capacidad para 172.151 internos, pero albergan a 50.000 presos más. Y cada día llegan más como consecuencia de la lucha contra la droga emprendida por el gobierno del presidente Felipe Calderón.

En el interior de las cárceles, los presos llevan la batuta. Algunos adinerados pagan por tener la llave de su celda. Cuando la vida en la prisión, con su pizza a domicilio, prostitutas y fiestas, empieza a resultarles encerrada, los prisioneros a veces les pagan a sus carceleros para conseguirse una licencia afuera o directamente para fugarse.

"Nuestras cárceles son, ante todo, un negocio", dijo Pedro Arellano Aguilar, experto en prisiones. "Allí todo está en venta, y se puede comprar cualquier cosa." Para los ricos barones de la droga, la vida en la cárcel suele ser una continuación de la animada vida que llevaban en libertad. Los presos los admiran. Los guardias suelen convertirse en sus empleados.

Miguel Caro Quintero, un narco buscado en Arizona y Colorado, fue condenado a 10 años de prisión en México. Cuando cumplió la pena, fue enviado a Estados Unidos.

La vida en el Pabellón Número 9 del Reclusorio Preventivo Oriente, donde están encarcelados muchos de los principales narcos, revela el poder de los presos influyentes. Ellos usan ropa de diseño y disfrutan de las visitas frecuentes de sus novias y tienen televisores enormes en sus celdas, según declararon los fiscales federales.